Blog de Cosas de un elitista

El 12 de octubre y los 500 años

Tras pasar por el Día de la Hispanidad, ese día en que españoles de ambos hemisferios se insultan unos a otros en el mismo idioma  y, dentro de los de este lado, unos insultan a otros por no ser españoles como Ellos y Dios mandan (porque es evidente que ellos interpretan la voluntad de Dios: ellos mismos lo dicen) se me ocurren una serie de reflexiones. Una de ellas es la gracia que me hace ver juzgar el pasado a la luz del presente. Además de ser inútil, es tonto, pero ayuda a comprender donde estamos ahora. Juzgar la Conquista, la Invasión o como queramos llamarla como si en vez de 1500 estuviéramos en 1980 es tanto como decir que los de Atapuerca eran tontos por ir andando a los sitios cuando podrían ir en un 4x4. Total, sólo había que inventarlo. Es divertido ver oponer a Moctezuma, por ejemplo, a Cortés, como si uno hablara con un lenguaje inclusivo, defendiera la paridad de género, fuera vegano y lector de Paulo Coelho, y el otro lobo de Wall Street, cazador de elefantes y comisionista político, cuando en realidad eran tal para cual y se comportaban en la forma en la que era común en su tiempo.

Moctezuma quería un imperio y lo había establecido. Tenía una buena cantidad de pueblos vasallos a los que no se trataba bien precisamente: se les expoliaba, esclavizaba, sacrificaba y devoraba sin que fuera muy de su agrado, como demuestra el hecho de que cuando llegaron unos extranjeros un tanto rudos pero con atractiva tecnología (arcabuces, cañones, espadas de metal, caballería...) y les ofrecieron cobrárselas todas a sus amos, se apresuraran a ponerse a su lado. Cortés quería otro imperio, y del choque entre ambos surgió la guerra. Así había sido desde que los egipcios establecieron el primero: babilonios, asirios, persas, macedonios, jázaros, romanos, musulmanes, mongoles y demás establecieron sus imperios por conquista. Los cristianos no, porque estaban demasiado divididos entre ellos: crearon pequeños imperios no definidos por vocación de universalidad, sino de nacionalidad, pero el resultado es el mismo. En la Europa del siglo XV la forma normal de relación entre naciones era la guerra y quien veía algo, lo tomaba. 


Llegaron los españoles a América y esclavizaron a los indios del Caribe, neolíticos ellos y sin capacidad de defensa. Murieron casi todos, claro, siguiendo el destino de los pueblos conquistados a lo largo de la historia: a sus conquistadores no les importaban gran cosa salvo como fuerza de trabajo. Los aztecas, más organizados, eran otra cosa. Al igual que los Incas. Es precisamente porque todo eso pasó por lo que hoy en día la humanidad, al menos parte de ella, no se conduce de esa forma, al menos abiertamente. Y tardó tiempo en calar esa nueva forma de pensar: a finales del siglo XIX la Repúbica Argentina aniquiló abiertamente a sus aborígenes, al igual que en el norte los británicos primero y los Estados Unidos después. En Australia los aborígenes estuvieron administrados por el departamento de fauna hasta mediados del siglo XX. Luego hablaremos de quien apoyó a quien cuando llegaron las luchas por la Independencia de Nueva España al Río de la Plata. Parece que Bolívar andaba ligeramente molesto porque yndios, negros y mestizos no se le sumaran en masa.


Pero claro, cuando digo eso de que parte de la gente no se conduce ya así es por eso: porque es en parte. En el Hemisferio de allá, después de 200 años de una Independencia a la que se llegó cuando las Colonias eran mucho más fuertes que la metrópoli, muchos siguen clamando por la Conquista culpándola de sus males -que digo yo que es tenerse en poco, que Japón y Alemania estaban peor hace 50 años que la Capitanía General de Caracas hace 200, por ejemplo-. Y acá muchos siguen lamentando que lo de allá no sigan siendo colonias y claman ridículamente, por ejemplo, porque el Ayuntamiento de Madrid haya colgado la bandera de los pueblos indígenas -sin quitar la de España- y reclaman que la quiten, que no les representa. Pues en mi elitista opinión, si no les representa a ellos es que ellos no forman parte de lo que orgullosamente llaman la Hispanidad y, en realidad, es el viejo imperio que aún quieren y en muchos casos aún creen tener como los ingleses del Brexit. Siguen un discurso tan rancio, casposo y falso como el de aquellos quienes dicen que no han bastado 500 años para solventar los males que les causó la conquista y, en fin, es gente de poco fiar pues serían felices con la España hambrienta y lúgubre de Ynquisición y fanatismo que nos causó 200 años de guerras civiles y, por tanto, felices serían por hacernos volver a ella y a ellas que, por supuesto, siempre serían por culpa de los otros.

Así estamos, ya ven.



Comentarios

Eso mismo se lo leí a Santiago Bernabéu, que decía que tras los romanos ya no sabía a quien echar la culpa. Debe ser 'la raza'. Sí.

Si nos tiramos piedras entre nosotros mismos sin salir de la península...todavía hay quien discute por el norte las traiciones en las guerras carlistas como si por culpa de éstas estuviéramos como estamos.

Por lo general, los latinos somos muy dados a meternos el dedo en la llaga los unos a los otros, sólo nos ponemos de acuerdo cuando tenemos que hablar de los hijos de la Gran bretaña (y en ocasiones hasta para esto discutimos). Por lo visto va en nuestra genética el echar siempre la culpa al de al lado de lo que nosotros hacemos, aunque tengamos que remontarnos 500 años en la historia para encontrar una justificación a dicha culpa.

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